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Potenciación de la resiliencia en niños según el modelo de Grotberg

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Recordemos que la resiliencia se caracteriza por ser la capacidad de afrontar un cambio o una situación adversa durante el ciclo vital, dando como resultado secuelas mínimas (dentro del contexto y la gravedad del evento) y un aprendizaje posterior.

 

La resiliencia se activa al aparecer una adversidad, algunas adversidades son esperables y otras llegan de forma inesperada. Al activarse la resiliencia, la persona debe tener recursos para afrontar la situación, recursos que los padres podrán estimular.

 

El modelo de Grotberg propone que para superar las adversidades y cambios presentes durante el ciclo vital, los niños recurren a tres fuentes de resiliencia que ayudarán o perjudicarán en la respuesta a la situación. No es necesario que las tres fuentes gozan de todos los recursos específicos en cada una, pero sí se deben dar al menos dos fuentes para que el niño tenga suficientes posibilidades a las que recurrir. Las fuentes están relacionadas con el contexto y por ello, la influencia de los padres es de gran importancia para el resultado.

 

Las tres fuentes son: “Yo tengo” , “yo soy/estoy” y “yo puedo”. Veamos las fuentes con sus variables más detenidamente.

 

YO TENGO – Es una fuente de apoyo externo. Es el primer factor que desarrolla el niño; antes de saber quién es y qué puede hacer, el niño necesita apoyo externo y recursos que le permitan desarrollar sentimientos de seguridad.

              El niño resiliente dice:

“Yo tengo…  

        … relaciones de confianza” (gente que me quiere y en la que confío)

   … estructuras y normas en casa” (límites que me indican cuándo debo parar)

   … modelos a seguir” (personas que me muestran cómo actuar bien)

   … estimulación para ser autónomo” (personas que me motivan a actuar por mí mismo)

   … acceso a salud, educación, bienestar y seguridad” (personas que me ofrecen su ayuda cuando estoy enfermo o en peligro)

YO SOY/ESTOY – Es la fuente referente a los factores personales e internos (sentimientos, emociones, actitudes, creencias…)

              El niño resiliente dice:

“Yo soy/estoy…  

        … querido y mi comportamiento es placentero”

   … capaz de querer, empatizar y ser altruista” (contento por hacer cosas por los demás y muestro preocupación por ellos)

        … orgulloso/a de mi mismo/a” (me respeto a mi y a los demás)

        … autónomo/a y responsable de mis actos”

   … lleno/a de esperanza y confianza” (confío en que todo irá bien, en la medida de lo posible)

 

YO PUEDO – Incluye los aspectos sociales y comunicativos de la persona. Estos son aprendidos durante la interacción con otras personas y, a través de personas que les muestran las habilidades de comunicación.

              El niño resiliente dice:

“Yo puedo…

   … comunicarme, hablar de lo que me preocupa y/o asusta con los demás”

   … resolver problemas” (encontrar la manera de solucionar los problemas a los que me enfrento)

   … manejar mis sentimientos e impulsos” (controlarme cuando se me ocurre algo inadecuado, que no me conviene o no es bueno para mi)

   … regular mi temperamento e identificar el de otros” (averiguar cuándo es el momento adecuado para actuar o hablar con los demás)

   … buscar relaciones de confianza” (encontrar a alguien que me ayude cuando lo necesito)

 

Todas estas son las variables que el niño registra durante su desarrollo, aumentando la posibilidad de afrontar y aprender de la situación de adversidad de forma fortalecedora. Normalmente no se utilizan todas las variables al mismo tiempo y cada persona tiene algunas más reforzadas que otras. Los padres son los principales maestros y el primer punto de apoyo para el niño, es importante que entablen una relación de seguridad y confianza con su pequeño. Así, se forjará el primer factor de recursos potenciadores de resiliencia, “yo tengo”.

 

Para favorecer al desarrollo del niño y contribuir a su resiliencia, este debe contar con figuras de apoyo que no le transmitan mensajes confusos o contradictorios, que sepan ayudarle y que sean, a su vez, resilientes. Los niños que se enfrentan a situaciones amenazantes como un divorcio, una mudanza o una pelea con un compañero; a menudo se sienten solos, asustados y vulnerables. Por ello, debemos contribuir al sentimiento de importancia y sobre todo, que se puedan sentir relevantes al afrontar la situación. Una buena estimulación de la resiliencia aumentará las posibilidades del niño en la superación y sentimiento de fortalecimiento una vez pasado el encuentro con la situación adversa.

 

Los niños de 0 a 3 años, deben aprender a ser autónomos y a confiar en sí mismos, así como en los que les rodean. A lo largo de esta etapa, aprenden a cuidarse (comer, beber, comunicarse, desplazarse, etc.) lo que derivará a cometer errores. Dependiendo de la respuesta de los padres, se creará una reacción acorde en el niño. Durante el proceso de aprendizaje, al cometer un fallo, los niños recordarán la experiencia como positiva y de aprendizaje, o por el contrario, como una experiencia negativa de la que avergonzarse. En el caso de no sentirse apoyados, la reacción será de desconfianza hacia sí mismos y hacia los demás; si los padres no le permiten fallar ni intentar nuevas opciones de forma autónoma, el niño se sentirá avergonzado y dudará de sus habilidades; por último, si los padres le ofrecen amparo, le comprenden y le animan a volver a intentarlo, fortalecerán su resiliencia (su capacidad de abordar el problema y aprender de este).

Para cerrar el tema me gustaría remarcar la importancia de las acciones estimulantes como pueden ser pequeñas conversaciones con los niños sobre sus sentimientos, el apoyo incondicional para fomentar su sensación de seguridad, la normalización de errores, etc. Existen adversidades que surgen de forma espontánea, en este caso se deben tratar de minimizar los daños todo lo posible, haciendo uso de los recursos adquiridos previamente y otras experiencias; pero hay otras que son predecibles. Situaciones como el divorcio de los padres o la mudanza a un nuevo hogar son predecibles y por tanto, se pueden evitar daños más fácilmente.

La secuencia de respuesta ante una posible adversidad, es decir, predecible es: preparación, vivencia y aprendizaje. Hablando con otras personas que hayan vivido esta experiencia antes, reflexionando sobre a quién y cómo le afectará, quién podrá ayudar y apoyar a los afectados, qué recursos tiene la persona para afrontar la situación, etc.; podremos preparar a los niños y reducir el impacto. La anticipación y prevención de los daños se reflejará en las reacciones del niño en su capacidad de afrontar la situación adversa.

 

En conclusión, debemos tomar consciencia de la importancia de la relación de apego con el niño y su influencia en el desarrollo de la primera fuente de resiliencia, “yo tengo”, la cual se basa en la confianza y el sentimiento de seguridad del pequeño. No se utilizan todas las variables al mismo tiempo pero los padres deben potenciar al máximo todas las fuentes de resiliencia posibles para que el niño cuente con un amplio repertorio de recursos disponibles para el afrontamiento y aprendizaje de la adversidad.

 

Sofía Pomeroy, Psicóloga.

Referencias:

  • Grotberg, E. A guide to promoting resilience children: strengthening the human spirit.
  • Martínez, C. Yo tengo, yo soy, yo puedo… y algo más.

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